emociones, motivacion

Quién no arriesga, no aprende…

Quién no arriesga, no gana. Cuantas veces habremos escuchado este dicho ya popular… Pues bien yo lo cambiaria por quien no arriesga, no aprende. Porque toda decisión implica un riesgo, que puede ser exitoso o no, pero si no lo asumimos, ya habremos perdido siempre nos quedará la duda del ¿y si? ¿qué habría pasado si hubiese arriesgado? ¿quieres un consejo? Puesto que el lenguaje crea realidad te invito a dejar de utilizar el condicional en tus pensamientos.

Riesgo es definido por la Real Academia Española como contingencia o proximidad de un daño. Como vemos la misma palabra tiene una connotación un tanto negativa. Hay muchos tipos de riesgos. Por supuesto que hay riesgos que pueden provocar un daño en la persona. Pero no hablamos de ese tipo de riesgos, si no más bien de la capacidad de elegir, de apostar por algo en lo que creamos aunque la sensación de vértigo este presente.

Puede ser el mejor detector para confirmar que estamos en el camino aquel que nos hace vibrar, emocionarnos y sobretodos sentirnos vivos.
Arriesgar da miedo pero también es el elemento esencial para la felicidad. Apostar por uno mismo te hace creer en ti y en tus posibilidades. Es la oportunidad de aprender, de creer en nosotros y reforzar nuestra autoestima, clave para ir superando todos los retos que nos vayamos planteando.

El miedo es necesario para poder sobrevivir. Pero cuando el miedo es irracional nos puede llegar a afectar en nuestro día a día y en nuestro bienestar emocional. La ansiedad es un miedo irreal que nuestro cerebro interpreta como real. Analiza tu miedo, pon atención a tus pensamientos. ¿Cómo son estos miedos?, ¿cómo estás tan segur@ de que eso va a suceder?, ¿qué es lo peor que puede pasar?

Cuestiónalos, ponles nombre, busca tus herramientas para hacerles frente y dales la vuelta. Verás que al identificarlos los miedos disminuyen.

Existen cinco grandes grupos de miedos. Entre ellos encontramos:

➡️Miedo a perder la vida
➡️Miedo a perder la integridad física.
➡️Miedo a ser rechazado.
➡️Miedo a la humillación.
➡️Miedo a perder autonomía y el control.

Convivir con nuestros miedos es inevitable. Conseguir que los miedos no nos paralicen es una opción para superar nuestros propios límites. Y digo propios porque somos nosotros mismos los que nos atrevemos a presuponer su destino. Ni por asomo somos conscientes de todo aquello que podemos conseguir.

Sal de tu zona de confort, que mejor la llamaremos zona de seguridad, porque esta zona no implica que sea confortable como dice su nombre.

Las oportunidades son para los valientes, aquellos que abrazan el miedo, lo miran de frente, siguen caminando, aprendiendo y luchando por lo que creen.

Si no arriesgas nunca sabrás donde estaba el verdadero límite, si es que lo había.
¿Nos vamos a quedar con las ganas cuando tenemos solo una vida que puede caducar de un momento a otro? Yo tengo muy clara la respuesta y espero y deseo que tu también la tengas. Hay mucho por descubrir y experimentar en el mundo de los vivos.

Los retos que la vida nos plantea y aquellos por los que de alguna manera hemos apostado son la mejor forma de crecer. La inteligencia emocional es necesaria para poder gestionar con éxito todos las circunstancias que vayan apareciendo en este camino. Aceptar la realidad, identificar nuestros recursos clave para afrontar ese miedo es un paso básico para superarlo.

A los que tenemos la necesidad permanente de experimentar, y me incluyo, se nos conoce en psicología como buscadores de novedades. Nuestra actitud tiene una base genética. Sí, sí, genética!. El Gen D4DR regula la dopamina, que es un neurotransmisor que estimula el circuito cerebral del placer. En este tipo de personas este gen está poco activo. Por lo que necesitamos de dosis extra de emoción para sentirnos satisfechos.
Al estar en movimiento, experimentado continuas vivencias tenemos una mejor adaptación al cambio.

Hay otro gen importante en este proceso del miedo. Es el Gen OPRL1 que regula nuestra respuesta ante el miedo en cuestión. Hace que la gente reaccione de diferente manera después de un trauma o un accidente.

Titus Livi, historiador romano, decía que el miedo siempre está dispuesto a hacernos ver las cosas peores de las que en realidad son. La mayoría de nosotros después de enfrentarnos a esos miedos, hemos afirmado frases como después de todo no era para tanto, si lo llego a saber lo hago antes, etc.. Esto es un claro ejemplo del poder que les damos a nuestros miedos.

La psiquiatra Elisabeth Kuber-Ross, considerada la principal autoridad sobre el acompañamiento a enfermos terminales, dice que a la pregunta ¿qué volvería a hacer si viviera?, la respuesta en la totalidad de los casos es: Me arriesgaría más

Por todo ello, arriesgad, decidid, vivid como si mañana no existiera, porque puede que así sea y ya no tengamos esa opción.

Cuenta la vida en experiencias y retos, no solo en años. Mrv

Da un paso adelante ahora, apuesta por lo que crees y !confía en ti!

💛▶️ Acción. Háblame de tu miedo. Puede ser que también sea el mío.

Aceptar y dar visibilidad al miedo es el primer paso para superarlo.
Vamos ahora a poner nombre a esos miedos. Expresarlos nos ayuda a disminuir su poder de bloqueo.

Por eso, te invito a qué reúnas a tus familiares, compañeros, amigos o incluso te sientes delante de un papel tu mismo.

Escribid algún miedo que queráis compartir de forma anónima. El que sea anónimo hace que las personas se sientan más libres y confiadas de expresar algún miedo de mayor intensidad.
Los recogeremos e iremos leyendo en voz alta cada miedo. Tomaremos consciencia aquí de que parte de los miedos se repiten y no son tan raros como nosotros creíamos. Solemos suponer que solo nos pasa a nosotros Veréis como los miedos son muy universales como hemos visto antes. Esto contribuye a disminuir su fuerza, liberar presiones.
Podremos aportar nuestra granito ofreciendo unas palabras después de cada miedo a la persona anónima. Y así ayudar a otras personas con nuestra propia experiencia, porque posiblemente hayamos compartido alguno de esos miedos en algún momento de nuestra vida.

Crear estos ambientes de compartir y abrirse a los demás hace que las personas que forman parte de ese grupo conecten con mayor fuerza y el grupo en sí se una mucho más.

¿Hablamos del miedo?

María Richart Valdés

Maestra, coach & educadora emocional

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